• imagen del slider

Datos

Etiquetas: oración del jueves

Oración Comunitaria Semana Franciscanos por la Paz

Canto: Da Pacem Cordium

1. Isaías 11 : El Príncipe de la Paz.

Una rama saldrá del tronco de Jesé,
un brote surgirá de sus raíces.
Sobre él reposará el Espíritu de Yahvé,
espíritu de sabiduría e inteligencia
espíritu de prudencia y valentía,
espíritu para conocer a Yahvé y para respetarlo,
y para gobernar según sus preceptos.

No juzgará por las apariencias
ni se decidirá por lo que se dice,
Sino que hará justicia a los débiles
y defenderá el derecho de los pobres del país.

Su palabra derribará al opresor,
El soplo de sus labios matará al malvado.
Tendrá como cinturón la justicia,
Y la lealtad será el ceñidor de sus cadenas.

El lobo habitará con el cordero,
El puma se acostará junto al cabrito,
el ternero comerá al lado del león
Y un niño chiquito los cuidará.

La vaca y el oso pastarán en compañía
Y sus crías reposarán juntas,
Pues el león también comerá pasto, igual que el buey.

El niño de pecho jugará sobre el nido de la víbora,
Y en la cueva de la culebra el pequeñuelo meterá su mano.

No cometerán el mal, ni dañarán a su prójimo
En todo mi Cerro santo,
Pues, como llenan las aguas del mar,
Se llenará la tierra del conocimiento de Yahvé.

Canto: Danos la Paz

2. Noticia:

La mayor de las violencias del siglo XX ha sido la injusticia socioeconómica. Es la que se ha cobrado más vidas, la que mata más lentamente y la que deja menor espacio a la esperanza. A lo largo del último siglo se ha configurado un sistema mundial, progresivamente global, en el que una minoría de la humanidad se ha ido enriqueciendo progresivamente, mientras la mayoría se ha sumido en una pobreza cada vez mayor.
Todo esto es una enorme injusticia, porque, en la mayoría de los casos, los pobres y los ricos lo son sin haberlo merecido. Se nace pobre y se nace rico. El sistema económico que se ha impuesto en este último siglo, desde que las potencias mundiales decidieran dominar el mundo, es un gas que mata lentamente a los que no tienen dinero para comprarse la máscara protectora.
Por otra parte, parece que la pluralidad social o cultural no sea posible. Parece que musulmanes e hindúes, judíos y palestinos, vascos y españoles, irlandeses y británicos, serbios y croatas, kurdos e irakíes, tutsis y hutus, no puedan convivir en una misma tierra.
Aquí defendemos lo contrario: la pluralidad es posible. El problema no está en la diversidad cultural y social supuestamente imposible, sino en la dificultad de apertura de espíritu para aceptarla. Yo puedo convivir sin problema con blancos y negros, con heterosexuales y homosexuales, con judíos y árabes, con cristianos y ateos. Pero si me agarro a una identidad colectiva porque me da seguridad y protección: entonces, decido que “soy cristiano” y odio a los musulmanes, “obrero” y odio a los capitalistas, “okupa” y odio a los instalados en el sistema.
El rechazo de la pluralidad ha llevado a múltiples formas de exclusión social. Nos hemos acostumbrado tanto, que ya nos resulta normal. Vemos en nuestras ciudades a grupos humanos con escasas oportunidades para salir adelante en la vida, pero no reaccionamos. En todos estos sitios hay nítidas “fronteras sociales”, físicamente invisibles, pero más reales que un simple control de aduana de aeropuerto. Esta ha sido una de las principales causas de violencia en el último siglo: la defensa de la frontera social por parte de quien está “dentro” del sistema, y el ataque contra ella por parte de quien está “fuera”. Se usa la violencia para barrar el paso. Y el que está fuera teme morir de inanición y puede llegar a usar la violencia para acabar de una vez con la frontera social y, así, acceder a las comodidades del interior del sistema.
El mensaje de paz tiene una dimensión religiosa, pues nace de una convicción profunda que apunta a una apertura hacia lo trascendente: conviene que el ser humano viva en armonía consigo mismo, con los demás miembros de su especie y con la naturaleza que le rodea. Esta afirmación no es ninguna ley física, sino una convicción que brota de la fe.
La violencia del siglo XX nos ha superado en muchos sentidos y, al mismo tiempo, ha nacido en nuestros corazones. No nos engañemos, si hay genocidio en el mundo es porque en nuestro interior somos “genocidas anónimos”.
Muchos de los fenómenos violentos de los últimos cien años han sido consecuencia de olvidos. Cuando se pasa por alto una injusticia, lo que acaba haciendo el tiempo, es devolvernos la injusticia en forma de violencia. La historia humana es un camino lleno de olvidos, de descuidos, de injusticias que prometen un mañana mejor. Todo ello es terreno abonado para futuras formas de violencia.
Aun siendo consciente, de que el absurdo de la violencia me sitúa en el no saber y en la perplejidad, afirmo, que el único modo de evitar o reducir la violencia del futuro consiste en trabajar activamente por el bienestar social y económico de todos en el presente histórico de la humanidad, y en sembrar la cultura de la fraternidad universal, como superación de la cultura de la división de la humanidad. Digo “fraternidad universal”, no “uniformidad”.
No atento contra la pluralidad, sino que apuesto por la convivencia pacífica y armónica de lo plural. No invento nada nuevo. De hecho, así fue creado el hombre. Al menos, esta es mi fe.
Canto: Solo con tu amor


3. Nuevo Testamento: Bienaventuranzas

Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.
Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.
Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielos.
Canto: Dona la pace Signore
Peticiones: Utufuile
Padre Nuestro
Oración de San Francisco: Instrumento de Paz
Canto final: Llevad la buena noticia