 | Editorial: Editorial Marzo 2010 |
Fin de examenes, nuevo mes... "Venga, ya en serio, ¡este año pienso vivir la Cuaresma en toda su intensidad!". Es la frase que me vengo repitiendo ya unos cuantos años al salir cada Domingo de la Eucaristía cuaresmal... Pero los buenos propósitos no duran mucho, y los terribles lunes no tardan en asomar a la vuelta de la esquina, haciendome olvidar todo lo que me había propuesto...
Quizás estoy demasiado acostumbrado a acordarme de que estamos en Cuaresma únicamente de Domingo en Domingo (no hablemos ya de ayuno y mortificación). El caso es que no le estoy haciendo justicia a su nombre, y es que la Cuaresma son cuarenta días, y no 5 domingos.
Cuarenta días no son muchos. Cuarenta días si son suficientes para
vivir en profundidad lo que una persona de tu edad necesita para
renovarse y continuar avanzando. Por suerte no estamos solos y, además,
Dios nos acompaña.
Dios se hace vida y presencia en quienes
cada día comparten vida, aula, trabajo, ocio y familia con nosotros:
todos ellos son susurro de quien se hizo hombre entre nosotros, entregó
su vida por todos en la cruz y, en la Resurrección, nos abrió una senda
definitiva de esperanza.
¡Feliz Cuaresma! ¡Y en especial a Javi y Patri por el nacimiento de Rafa, y a Clara y Juanjo por el de Gonzalo!
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